La malvada maldad parió despanzurrando prosaicas ideas de arcanas vanidades que patearon el tablero de la paz.
La malvada maldad parió
despanzurrando prosaicas ideas
de arcanas vanidades
que patearon el tablero de la paz.
Y como hombre hambriento,
el indigno villano
husmea el prematuro feto
de un pueblo de rancios ideales
sin recetas foráneas…
Pero, un día…
tras una orden pentagonal…
convirtióse el cielo azul de Irak,
en mutante infierno
de monstruosas figuras
de instrumentos destructivos
vomitando el fuego infernal…
Muy a la distancia
millones de hermanos,
ausentaban la respiración
saboreando por su tragadera faringe,
bocanadas de salivas amargas
brotando de sus poros
sudores fríos
que se deslizan por sus sienes,
como cataratas de huaycos torrentes
bebieron el fuego
de los arrogantes metales,
en tórridos estruendos
de fingidas luces
que iluminaron resplandecientes,
la negra y enlutada noche,
salpicando por doquier
el rojo carmesí.
Los edificios de Bagdad
se desprendían
en desordenadas partículas,
y caían y caían,
como castillo de calcinada arena,
ante la energía pasajera….
Los tambores de guerra han callado,
el silencio y el alba rasgaron
las últimas sombras de la noche
recogidas por el silencio
de una ciudad de pesos caídos…
¡Ahí! va quedando, carcomidas siluetas
de hombres vivientes atados a la vida
en refugios profundos bajo tierra,
mientras muchos excavaron
su anónima tumba...
Ya puede sentirse contento
el tirano invasor,
¡Ahí dejaron!...
momias envueltas
de ancianas encorvadas
y cuerpos calcinados;
y en un rincón,
una madre de eterna agonía
protege como escudo humano,
a un niño de rostro escondido
llorisqueando en profundos suspiros.
La gente forman coros de quejidos ayes,
en interminables himnos fúnebres.
Allí apagaron las velas de la paz,
cernieron vidas.
Las madres enmudecidas de dolor
observan en sus manos,
los pedazos de carne
de inertes cuerpecillos
que duerme el sueño eterno. Hombres, clamando su furioso
y airado grito retumbante,
semejante al sonido
del arrogante destructor…
algunas criaturas desquiciadas
de mirada perdida y paso prematuro,
observan el paisaje funesto,
con la interrogante de preguntas
sin respuestas…
hombres de rostro abismado,
¡locos! que invocan al no sé quién,
oraciones murmurantes…
¡Ohhh!...tormentoso dolor…
! Aullidos de masas..!
Sufrientes familias..!
vigilantes que velan
y recorren procesiones
de caminos calientes,
sin paradigmas, ni destinos,
solo una mudez
en la cesación de la vida
de zombis de rostros
torvos y fieros…
Por un tiempo las aves fénix
vestirán su plumaje,
teñidos del enlutado color...
y se levantará el inocente,
uniendo los pedazos de su carne
sembrando en surcos
cortantes de hondas heridas…
¡Y el hombre!...
¡El pobre hombre...!
Como Cristo que llora del pecado…
espera en sus años vivos
algún día germine
muy dentro de su corazón, el brote del perdón;
esencia pura y bendita…
en cosechas del futuro,
del fruto de la esperanza cristiana…
Autor: Percy Gallegos Melgar…

Profesor precursor de la tradición de Camaná, que motiva el arte y la cultura camaneja.
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