LA PIZARRA: UN DIAMANTE EN EL MEDIO
Freddy García, técnico de Cobresol, dispuso un agresivo rombo en el medio de su equipo. El trabajo destacado de Edward Campos para hacerse dueño su pedazo de cancha, permitió poner tanta gente adelante. Así, se evitó las salidas por las bandas de San Marcos, que con un 4-cuadrado-2, solo asustaba un poco cuando el menudo Buitrón tomaba la pelota. Además, Nikol Prado tuvo mucha libertad para subir por su carril. Los granates estuvieron siempre contra las cuerdas, aunque debe destacarse que supo amarrar bien al rival y no le llenaron el área de pelotazos. El triunfo de Cobresol fue lo más justo por lo visto esta tarde y por lo hecho a lo largo del certamen.
LOS CAMBIAZOS: EL DOLOR DE DOLORIER
Todo cambió a partir de la temprana lesión del atacante sanmarquino Roberto Dolorier. Obligó a una sustitución antes de la media hora y su equipo perdió mucho en el ataque. Esta circunstancia le dio luz verde a ‘Petróleo’ García para retirar un marcador de punta (Cabanillas) y hacer jugar a Percy Manchego. Si bien el ingreso del carismático volante no aportó mucho en ataque, llenó tanto el mediocampo que San Marcos quedó definitivamente amarrado en su terreno. Cobresol no iba a recibir un gol ni de casualidad, solo tenía que marcar el suyo para campeonar, como finalmente se dio. Cuando la visita quiso poner más gente de ataque con el ingreso de Villavicencio, ya era muy tarde pues el ‘Cobre’ estaba adueñadísimo del juego.
EL CAPO: NIKOL PRADO
Edward Campos fue un capo en la media cancha. Recuperó todo y asistió con criterio, pero El Capo tenía que ser el hombre que estuvo en las otras dos temporadas que se quedaron a un trís del ascenso. Eso lo sabía muy bien Nikol Prado, y esta tarde se rajó por izquierda. Clausuró su sector; de hecho, los pocos ataques sanmarquinos fueron por el otro lado, y se proyectó siempre al frente con calidad (casi siempre) y raza, cuando lo otro le faltó.
EL EXTRAVIADO: ALEXIS MORA
Cuesta un poquito destacarlo como El Extraviado, pues sacó algunas pelotas de gol. Pero la verdad es que tuvo unas salidas espantosas que no se explica cómo no llegaron a ser gol de Rodríguez o de Rojas. A tender la ropa en su casa, en la cancha el portero debe ser proveedor de confianza. Mora fue un intermitente ladrón de garantías.
JAILAITS
Leal ciudad: Moquegua volcó todo el sentimiento y entrega futbolera a favor del dorado de Cobresol. Salió el sol en la Perla del Sur y salió toda esa lealtad que la ciudad le regala al joven club que todos apoyan. Se vio en las tribunas que recibieron a más de 18 mil hinchas, todos eufóricos. Y se vio en la cancha, no solo por lo jugadores celebrantes, sino por lo directivos felices. Se nota que hay un compromiso por parte de todos (pero todos-todos) en ese equipo, así que el triunfo es de Moquegua completa.
A ganarles la Mora: Desde el primer minuto, Cobresol ganó moral porque el arquero Mora se mandó la primera de sus incontables malas salidas. Si el comentarista ‘Titín’ Drago lo calificó de héroe, es problema suyo. No miente ‘Titín’ al destacar algunas atajadas del guardameta, pero lo cierto es que un manojo de nervios como ese le da una confianza bárbara al rival y se la quita a sus compañeros. Se notó claramente desde ese momento el aplomo que tuvieron los jugadores del equipo dorado. Un arquero más firme quizás los hubiera sacado del autocontrol y se complicaban el título que finalmente han ganado.
Con guante de seda: Si hasta parecía que se querían mucho. Los dos equipos salieron a jugar. Solo a eso. Apenas tres tarjetas amarillas en noventa minutos pintan un partido que no parecía decisivo. Sin embargo, no se puede hablar de echada o de desinterés. San Marcos hizo lo mejor que pudo y se aplaude su nobleza. Cobresol fue siempre con rectitud al arco de enfrente, lejos de buscar ventajas extradeportivas en su localía. Hasta la gente para celebrar fue amistosa: respetaron al rival y al orden. Parece, tal vez, un ejemplo a seguir, ¿no?.
Donde manda capitán: ¿Dónde más? En el área. El atacante Héctor Rojas consiguió su quinto ascenso personal y esta vez con él como protagonista en el marcador. Cuando se terminaba el primer tiempo y la visita se había asentado bien, apareció uno de los bravos. Campos lanzó la pelota, redonda de ilusión, al corazón del área. Allí donde estaba el capitán Rojas, que había peleado todas. Un salto artesanal para alcanzar la gloria y la que llevaba las ilusiones moqueguanas pasa por encima de Mora para llegar a la red, donde se atrapó el campeonato. Después no hubo mucho más, solo había que esperar para el festejo de un título inolvidable.
Fotos: Roice Zeballos, Richard Angulo / revista Fax Periodístico